• Agustín de Argüelles Álvarez

    agustin_arguelles Nació en Ribadesella el 18 de agosto de 1776 y murió en Madrid el 26 de marzo de 1844, apodado «el Divino» por su oratoria durante las Cortes de Cádiz, fue un abogado, político y diplomático español. Fue presidente de las Cortes en 1841 y tutor de la Reina Isabel II.

    Hijo segundo de José Antonio de Argüelles y Uría, mayorazgo en Ribadesella, y de Teresa Álvarez González, su segunda mujer. Estudió Derecho en laUniversidad de Oviedo y en 1800 se trasladó a Madrid, donde gracias a su dominio del inglés se empleó en la Secretaría de Interpretación de Lenguas. En 1806, el valido de Carlos IV, Manuel Godoy, le envió a Londres como embajador especial para que trabase conversaciones con el Gobierno británico de cara a plantear una alianza contra Napoleón Bonaparte.

    En 1808, a raíz del levantamiento español contra las tropas napoleónicas, regresó a España a requerimiento de su paisano Gaspar Melchor de Jovellanos y se estableció en Sevilla, ciudad no ocupada por los franceses donde tenía su sede la Junta Suprema Central. Fue secretario de la Junta de Legislación, cuyos trabajos anticiparon los de las Cortes de Cádiz, y después diputado por Asturias a dichas cortes, donde participó activamente en la redacción de la primera constitución española, destacando por sus intentos de abolición de la esclavitud y por su oposición al tormento como prueba judicial. Debido a su oratoria vibrante y emotiva sería apodado «el Divino».
    Con la vuelta de Fernando VII a España y la restauración absolutista, Argüelles fue enviado como presidiario a Ceuta en 1814 y al año siguiente a la localidad mallorquina de Alcudia, en cuya prisión pasaría cinco años. Rehabilitado tras el pronunciamiento de Riego, fue nombrado ministro de la Gobernación. Después del gobierno liberal se exilió a Inglaterra en 1823 y sobrevivió como bibliotecario de Lord Holland, con quien mantenía amistad desde la embajada especial que había desempeñado en el Reino Unido por órdenes de Godoy dos décadas antes. En el exilio escribió su principal obra teórica:Examen histórico de la reforma constitucional en España, que vería la luz en Londres en 1835.

    Tras la muerte de Fernando VII, regresó a España en 1834, participando en la redacción de la constitución de 1837. Fue elegido diputado por Asturias y nombrado preceptor de Isabel II durante su minoría de edad por Baldomero Espartero, tras perder la votación en las Cortes Generales frente a éste para ser elegido regente de España. En 1844 volvió a ser elegido diputado, aunque esta vez por Madrid, ese mismo año falleció en su domicilio de un ataque de apoplejía.


  • Darío de Regoyos Valdés

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    Nació en Ribadesella el 1 de noviembre de 1857 y murió en Barcelona el 29 de octubre de 1913. Fue un pintor asturiano considerado el mayor exponente impresionista de la pintura española. Destaca por su capacidad de representar diferentes y originales efectos lumínicos y atmosféricos en sus paisajes y por su percepción de la España sombría que vivió.

    Nace en el concejo asturiano de Ribadesella el 1 de diciembre de 1857. No obstante, se encuentra allí por el trabajo de su padre, Darío Regoyos Morenillo, natural de Valladolid e importante ingeniero y arquitecto. En su juventud, se trasladarían a Madrid nuevamente por motivos laborales del padre, donde llevaría a cabo numerosas obras por la capital y es elegido Académico en Bellas Artes de San Fernando.2 Tras la muerte de su padre, Darío se matricula en la asignatura de Introducción al paisaje de la Academia de San Fernando, atendiendo a los deseos de este de sucederle en la carrera arquitectónica. Allí recibirá clases del pintor español, de origen belga, Carlos de Haes, que es conocido por inducir en sus alumnos a las experiencias pleinairistas en sus bocetos. En el año 1879 Darío de Regoyos toma la decisión de viajar a Bruselas por diversos motivos. Entre estos, se encuentra su deseo de acompañar a sus amigos Isaac Albéniz y Enrique Fernández Arbós, que iban a ser galardonados por el Conservatorio Real de Bruselas con “Distinción” y “Excelencia”, respectivamente.3 Pero sobre todo, subyace un deseo de reencontrarse con la modernidad artística de la que el ambiente artístico español se encontraba más alejado y sometido a una jerárquica tradición académica.

    Allí, recibirá clases del que se convierte en su verdadero maestro, el pintor belga Joseph Quinaux.4 A los ojos de Regoyos se extiende un país en el que el desarrollo económico, culturas y político llegan a todos los ámbitos y donde confluyen ideas caracterizadas por un creciente espíritu crítico y movidas por una intención de progreso.
    De esta forma, surge el grupo de L’Essor, traducido como El Vuelo, en el año 1876 y al cual Darío de Regoyos se une en el año 1882. Este se encontraba conformado por un heterogéneo grupo de artistas, seguidores de diferentes estéticas, y cuyo objetivo común era una negación del neoclasicismo como corriente artística imperante y el nexo existente entre el arte y el academicismo. No obstante, por su preferencia por los artistas realistas frente a vanguardistas, así como su falta de programación Darío de Regoyos abandonará L’Essor en 1884, habiendo expuesto solo junto a ellos durante los años 1883 y 1884. A este período le corresponde el retrato realizado por Théo van Rysselberghe, también miembro de L’Essor, donde aparece Regoyos tocando una guitarra.


  • Manuel Fernández Juncos

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    Nació el 11 de diciembre de 1846 y murió el 18 de agosto de 1928, fue un poeta, periodista y pedagogo español de ideología conservadora, residente en Puerto Rico, que escribió la letra de La Borinqueña, el himno nacional de Puerto Rico.

    Juncos nació en Tresmonte, un lugar ubicado en Ribadesella, Principado de Asturias, España. A los once años emigró a Puerto Rico, donde permaneció el resto de su vida, sin otra instrucción que la que a tan tierna edad había podido recibir en su pueblo. Establecido en Ponce, trabaja para ganarse el sustento, y aún siente mucho mayor interés en instruirse. Lee mucho y estudia idiomas, pero habiendo contraído la fiebre amarilla, tiene que interrumpirlo todo y pasar a reponerse a un poblado de montaña al que la epidemia no había llegado. En ese ambiente rural su espíritu observador se llenará de imágenes que pronto le permitirán revelarse como excelente escritor costumbrista.

    El destronamiento de Isabel II le hace confiar en que el futuro deparará a aquella isla una forma de administración autonomista, más eficaz para el país y más conveniente para España, y a esta idea, que nada tenía de independista, se entregó de por vida.
    En principio, Fernández Juncos escribió para El Progreso, un periódico fundado por José Julián Acosta. También escribió para Porvenir y El Clamor del País. Fundó un periódico llamado El Buscapié, en 1875, semanario jocoserio, ameno, ingenioso y original, que vivió floreciente hasta que Puerto Rico se perdió para España y que fue muy leído en esa época. El semanario estimuló la lectura en su país, y fueron tantas las colaboraciones que se le ofrecían, que Fernández Juncos creyó llegado el momento de fundar una publicación ilustrada, de mayor empeño y ésta fue la Revista Puertorriqueña, juzgada por Menéndez Pelayo como una de las mejores publicaciones literarias americanas.

    Fundó también la Institución de Enseñanza Popular y la Biblioteca Municipal de San Juan; colaboró muy activamente en el establecimiento de la Cruz Roja; sacó varias veces de sus crisis al Ateneo Puertorriqueño; presidió el Partido Autonomista Histórico y la Liga de Republicanos Españoles; fue presidente de la Sociedad de Escritores y Artistas de Puerto Rico y diputado provincial por el distrito de San Juan.

    Como escritor, Juncos estudió y escribió sobre las raíces de los puertorriqueños. Algunas de sus obras más conocidas son Tipos y Caracteres, Libro Cuarto de Lectura, y Canciones Escolares (que co-escribió con Virgilio Dávila y Braulio Dueño Colón).

    Fernández Juncos se unió al Partido Autonomista, que había sido fundado por Román Baldorioty de Castro, convirtiéndose en el secretario. Tiempo después, cuando Puerto Rico obtuvo la autonomía respecto de España, 1897, Juncos fue electo primer Secretario de Estado. También fue encargado de la secretaría de Hacienda, de una hacienda que estaba al borde de la bancarrota, pero que él, con su ingenio y su prestigio, supo sacar a flote, lo que ha permitido calificarle también como hacendista ilustre. De todos modos, en menos de un año Puerto Rico fue invadida por Estados Unidos durante la Guerra Hispano-Estadounidense y el gobierno abolido. Al cambiar la soberanía en 1898 se tornó en favorecedor del gobierno colonial estadounidense. Debido a que la letra original del Himno Nacional de Puerto Rico era de corte independentista y anti-español, escribió una versión no-controvertida de la letra en 1903. La misma es considerada sumamente mediocre pero, debido a controversias políticas, ha sido adoptada como el himno oficial bajo el gobierno actual.

    Al adueñarse los norteamericanos de Puerto Rico, Fernández Juncos dejó de publicar El Buscapié, y sabiendo que con ello perdía todo cargo oficial y toda influencia política sobre aquella isla en la que llevaba viviendo más de cuarenta años, se inscribió en el Consulado para conservar la nacionalidad española. Su ambición entonces fue salvar el castellano de su suplantación por el inglés, y como en español no había textos escolares adaptados a las exigencias de las leyes norteamericanas, se esforzó en prepararlos, logrando en esta patriótica empresa, que nunca dejaria de la mano, el mismo éxito que en todas sus otras actividades literarias.

    De esa constancia en la defensa del idioma habla este párrafo de una carta, que el 12 de julio de 1910 escribe a su «gran paisano», Fermín Canella: «En una colección que preparo de producciones cortas y excelentes de autores castellanos modernos, para lectura y estudio de lenguaje en las Altas Escuelas de Cuba y Puerto Rico, quisiera reproducir El gallo de Sócrates, de Clarín, y poner su retrato al frente de los apuntes biográficos y críticos que han de preceder a la obra de cada autor.-Le suplico a usted que obtenga de la Sra. Viuda o herederos del ilustre Alas el permiso para aquella reproducción y uno de los retratos más parecidos a él».

    Manuel Fernández Juncos murió el 18 de agosto de 1928 en San Juan, Puerto Rico. Después de su muerte, Ribadesella dio su nombre a una de sus calles y a una escuela graduada. El Ayuntamiento de San Juan, que ya le había nombrado hijo adoptivo en 1924, tampoco se quedó rezagado en este tipo de homenajes y puso su nombre a una de sus más flamantes avenidas. De los más de veinte títulos de volúmenes publicados por Fernández Juncos destacan: Cuentos y narraciones; Galería puertorriqueña: Tipos y caracteres; De Puerto Rico a Madrid; Los primeros pasos en castellano y La lengua castellana en Puerto Rico.


  • Bernardo(1892-1974), Antonio(1902-1987) y Celestino(1904-1984) Uría Aza

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    Fueron tres hermanos artistas nacidos en Ribadesella y que desarrollaron en la villa toda su carrera.

    Mientras que Antonio era sobre todo dibujante y escultor, y Celestino era un consumado intelectual, Bernardo era un extraordinario pintor, cuya obra se enmarca dentro de una tendencia neorromántica en la que la Naturaleza, hecha mar o montaña, respira grandeza y cobra todo el protagonismo.

    Sus obras más conocidas podrían ser El alma de la montaña o Sierra de Santianes, aunque también son espectaculares sus interpretaciones de los acantilados riosellanos del Infiernu y Palu Verde (en especial en “El suicida”), en la mejor línea de la pintura romántica europea.

    La obra más importante de los hermanos, en la que colaboraron estrechamente los tres, es la decoración del interior de la iglesia parroquial de la villa, realizada en la posguerra civil, cuando la iglesia estaba recién construida. Lo más llamativo de esta obra es la cúpula, pintada antes de la guerra en un delicado estilo neocubista, y sobre todo los cuatro paneles que la sostienen, concebidos después de la contienda y ejecutados con una mezcla de estilos y gran libertad creadora.


     

    Sus títulos son Culpa, Admonición, Delito y Pax, y en su conjunto expresan un alegato de enorme vigor expresivo contra las guerras y contra las ideas que las generan, a las que contraponen una visión arcádica de la Humanidad.

  • Enriqueta González Rubín

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    Escritora riosellana nacida en la segunda mitad del siglo XIX. Con su trabajo comienza la narrativa en lengua asturiana.

    Nació en Santianes, en la casona de La Collada, en el año 1832 y murió en Infiesto en 1877. Se crió en una familia perteneciente a la élite riosellana. Hija de un militar de carrera, Bernardo González Soto, alférez de navío quien tuvo a su cargo la Ayudantía de Villaviciosa y la de Llanes.

    Su madre, Josefa de Rubín, procede del pueblo de Camuño, concejo de Salas. Fue madre soltera de un niño que murió al poco tiempo de nacer y tuvo un matrimonio del que nacieron ocho hijos.

    Murió de cáncer a los 45 años en Infiesto, lugar donde vivió tras Llovio y Ribadesella.



Tomado de wikipedia